Buscar

viernes, 30 de noviembre de 2018

Fracturas extra-articulares de la rodilla - Clasificación de Salter y Harris Parte 2

Tipo III. 

En estas fracturas, parte del trayecto también es una separación fisaria pura pero, en un punto determinado, se produce una inflexión y cruza la fisis y la epífisis hasta llegar a la superficie articular. Están producidas por un mecanismo de cizallamiento intraarticular.

 Tipo IV. 

En este tipo, la línea de fractura comienza en la superficie articular y atraviesa, casi perpendicularmente, la epífisis, la fisis y la metáfisis.

Suelen ser consecuencia de fuerzas de avulsión o cizallamiento.
La gravedad las fracturas tipos III y IV estriba en dos puntos: el trayecto es intraarticular y la comunicación epifiso-metafisaria que se produce hace posible la formación de puentes óseos.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Fracturas extra-articulares de la rodilla - Clasificación de Salter y Harris

Está en parte basada en la clasificación preconizada 65 años antes por J. Poland y, en ella, se distinguen cinco grandes grupos (Fig. 1):

• Tipo I.

Similar al grupo I de Poland y consiste en una separación completa epifiso-metafisaria, normalmente como resultado de la aplicación de fuerzas de avulsión o cizallamiento.

• Tipo II.

Es el tipo más común de fractura fisaria. Es muy parecido al tipo I pero, en ésta, el trazo de fractura, después de transcurrir a lo largo de la mayor parte de la fisis se adentra en la metáfisis, quedando por tanto un pequeño fragmento de la misma, generalmente triangular, unido a la fisis y epífisis (signo de Thurston Holland). Generalmente estas fracturas se producen por la combinación de fuerzas de flexión lateral (varo valgo) y cizallamiento.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Fracturas extra-articulares de la rodilla - Clasificación

Aunque se han propuesto múltiples clasificaciones la publicada por Salter y Harris en 1963 ha sido la más difundida y es la que utilizaremos en resto del capítulo.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Fracturas extra-articulares de la rodilla - Anatomia Patológica

En las fracturas del cartílago de crecimiento, el plano de separación metafisoepifisario es casi siempre el mismo: la línea de transición entre la capa hipértrófica y de calcificación provisional, es decir, la unión entre el cartílago sin calcificar y el calcificado.

Parece ser que esta zona de transición constituye, en el traumatismo, un plano de acúmulo de tensiones que hace que el «fallo» se produzca ahí con más facilidad que en otros niveles. En esta separación, la capa germinal fisaria permanece siempre unida al hueso epifisario, lo cual es crucial a la hora de entender la fisiopatología de esta lesiones.

Aparte de la separación fisaria estricta, en las fracturas fisarias existe la posibilidad de que, en un punto determinado, dicho trayecto fracturario pueda sufrir una inflexión y, o bien dirigirse hacia la metáfisis, o bien atravesar perpendicularmente la fisis y seguir a través de la epífisis. En otras ocasiones, la línea fracturaria transcurre a través de la metáfisis, perpendicular a la fisis y sigue en la epífisis.

Estas fracturas perpendiculares de la fisis tienen una gran importancia, ya que a través de ellas se puede poner en contacto la circulación epifisaria con la metafisaria y, como consecuencia, puede llegarse a formar un puente óseo fisario, lo que constituye la causa más importante de las alteraciones locales del crecimiento tras las fracturas fisarias.

Aunque es más discutido en ocasiones, tras un traumatismo fisario, se puede producir una lesión por compresión donde, en vez de una línea fracturaria, se produce un aplastamiento de la fisis que permite que, por el mismo mecanismo mencionado más arriba, se puedan generar también puentes óseos a través de la fisis.